Acabada su comparecencia ante los medios, Diego Pablo Simeone aún resoplaba en los bajos del King Power de Leicester. Su rictus, en el trayecto hacia el autobús, era el de un entrenador tan emocionado como exhausto. Los vaivenes del partido tras el gol de Jamie Vardy aún le impedían disfrutar en plenitud del éxito de haber colocado al Atlético en semifinales de la Copa de Europa por tercera vez en cuatro participaciones. Golpeado el equipo por la final de Milán, por las consecuencias del posterior discurso del técnico en San Siro y por las lesiones de larga duración como la de Augusto Fernández, en la emoción expresada por Simeone se reflejaba la satisfacción por alcanzar un logro que hace un par de meses no estaba tan claro.

Desde hace un tiempo, Simeone airea ante la prensa que todos esos contratiempos realzan el valor de éxitos como el de Leicester o el de haber superado al Sevilla en la pelea por la tercera plaza liguera. En el camino para alcanzar esta nueva semifinal hay un antes y un después. El resurgimiento del gen competitivo del equipo en 2017 coincidió con el anuncio de Simeone, a principios de enero, de que continuaría un año más. Su contrato, tras la reducción de dos años, expira en 2018, pero la atmósfera que rodeaba al club y al propio equipo invitaba a la confirmación de su permanencia.

En diciembre, en medio de la mayor crisis de resultados que había experimentado el equipo bajo su dirección, el vestuario dudaba de la continuidad del técnico al término de la presente temporada. El runrún de la caseta llegó hasta los despachos.

La primera reacción de la dirigencia rojiblanca fue la de lanzar mensajes a través de los medios en los que aseguraba la permanencia del técnico. A su vez, los dirigentes creían conveniente que el mismo entrenador se pronunciara públicamente. Si de algo es dueño Simeone es de sus tiempos. Las imposiciones le rebelan. No anunció su continuidad con la celeridad que le hubiera gustado al club. Lo hizo al regreso de las vacaciones navideñas, en su primera conferencia de prensa de 2017, con motivo de la eliminatoria de Copa contra Las Palmas. La frase que pronunció contenía un recado interno. “Voy a seguir, así que los hinchas y los jugadores me tendrán que sostener o aguantar; les doy a elegir”. El efecto de esas palabras fue inmediato. El partido disputado en el Insular (0-2) fue puesto como ejemplo por Simeone en las semanas siguientes para tratar de explicar hacia dónde debía encauzarse el equipo. Por primera vez en varios meses, el Atlético recuperó el molde de equipo sólido.

Desde la pronunciación de ese discurso, solo el Barcelona ha logrado derrotar al Atlético. Lo hizo con apuros en los dos partidos de las semifinales de la Copa y con más holgura en el encuentro de Liga disputado en el Calderón. Fuera de esa derrota, en el torneo liguero suma 11 victorias y cuatro empates. En la Champions se deshizo sin dificultades dcl Leverkusen y al Leicester le jugó una eliminatoria muy seria.

INVENTARSE A UN LATERAL TRAS LA LESIÓN DE JUANFRAN

La contractura en el cuádricpes anterior de la pierna derecha que Juanfran sufrió en Leicester puede obligar a Simeone a tenerse que inventar un lateral derecho para el partido del sábado en Barcelona ante el Espanyol. Las pruebas a las que sometieron ayer al defensa alicantino diagnosticaron una lesión muscular de grado II con hematoma en el cuádriceps del muslo derecho. La baja de Juanfran se estima que puede ser de entre 10 días y dos semanas largas. Si el croata Sime Vrsaljko no recibe el alta médica este viernes, Simeone tendrá que elegir entre Lucas Hernánedz o incluso Giménez para ocupar el lateral derecho en Cornellà y el martes antes el Villarreal. La experiencia de Savic en Leicester no funcionó, tan y como admitió Simeone.

No tendrá el mismo problema el técnico argentino con la lesión que sufrió en la mano derecha Filipe Luis. El lateral brasileño se ha sometido a pruebas de rayos X que confirmaron que sufre una fractura del cuarto metacarpiano de la mano derecha. “El internacional brasileño podrá entrenarse y jugar con una férula a medida que le protegerá la mano”, aseguró el club en el comunciado publicado en su página web.

La mejor versión

En este tramo de cuatro meses, Simeone recuperó la mejor versión de Godín, Gabi, Filipe, Koke y Juanfran. Del intento de ser un equipo más dominador de la pelota quedó la sensación de que aún era pronto para un relevo generacional en el mando de los partidos, aunque el estado de forma de sus pretorianos demandara remover la tierra más de lo que lo hizo.

Tácticamente, en este periodo Simeone también zanjó el gran debate interno sobre si Koke debía jugar en medio, como era su intención en el inicio del curso. “El único que es fijo en el medio es Gabi. El resto se moverán”, advirtió. En esa recomposición del equipo, Simeone también asentó en el once a Carrasco en un momento en el que el belga dio símtomas de descontento. La última gran novedad, Giménez como mediocentro, apunta a un recurso reutilizable en cualquiera de los partidos de la semifinal europea, sea quien sea el rival. En sus elogios al uruguayo, Simeone también lanzó un mensaje entrelíneas que apuntaba a un contexto anterior: “Cuando los tipos se esfuerzan, cuando los jugadores quieren, las cosas salen bien”.elpaisdemadrid